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Hogares Calasanz

educación alternativa con los niños de la calle

Provincia Escolapia de México

septiembre - octubre de 2002

No. 10  Año 2

Los Hogares Calasanz de la provincia de México agradecen al P. Claudio Marinucci, Sch.P. el apoyo constante que da con generosidad para el sustento de nuestra obra. Agradecemos también el generoso donativo de la Delegación de Misiones.

Dios les colme de bendiciones

Los ideales de José de Calasanz dirigen su obra a la reforma de la sociedad. Él pretende, a través de sus escuelas, crear una ciudadanía responsable de su participación en el destino de la comunidad humana a la que cada uno pertenece.

         Cualquier obra educativa, escolar o extraescolar, debe estar orientada a la transformación del entorno social. Que cada uno y cada una que pasan por nuestras instituciones sean capaces de convertir su mundo en el Reino de la Justicia y la Paz de Jesús, esto es obra del Espíritu que nos mueve. Él lo hace posible.

         No sólo pretendemos que los niños no estén en la calle sino también transformar con ellos ese mundo injusto que los excluyó.


El Cristo del Chinchachoma   Capítulo III       

               El hambriento

P. Alejandro García-Durán de Lara, escolapio

1938, Nacido en 1935. Tenía 4 años. Enfrente de mi casa hay un pasaje y en él existe un kinder.

Seguro de la mano de mi madre, camino hacia el encuentro con la ciencia. Y al salir de la casa y voltear veo algo insólito para mi mente virgen.

Un hombre rebusca en la basura.

Asombrado le digo a la que me abre a la vida:

“Mira mamá, qué hombre tan cochino”.

“No digas eso, hijo mío”, dijo aquella que me engendró a lo sabio.

“No es un hombre sucio, el pobre tiene hambre”.

“Y eso ¿qué es?”. Aún no la conocía, al hambre compañera de la vida.

Me lo explicó mi madre.

Se me asombró mi alma.

Llegué a la escuela y mi recuerdo se junta en ese mismo día (sin duda fue otro día).

Del salón me iba yo al juego. Me paró la sonrisa y la palabra de la monja:

“Alejandro pon ahí tu almuerzo, siéntate un momento. No te estoy castigando. Yo quiero hablar contigo”.

Me sentí grande, importante. Salieron mis compañeros hacia el juego y me quedé expectante allí en el asiento.

Enfrente mío, el almuerzo. Pan con no recuerdo qué y un plátano.

Un plátano maduro al que quise desechar hacía un momento.

Al lado mío oí la voz todavía risueña, aquí en mi entraña esencia de mi vocación, balbuceo eterno, ansia de amor que lo abarca todo.

La monja habló del hambre.

Del hambre del hombre, del ser que de hambre muere, del incontable número de hambrientos.

Jesucristo era hambre. El Cristo se hizo hambre.

Siguió abriendo mi alma a comprender el misterio.

Me sentí cual el villano, el malvado del cuento, cuando me dijo si no comía el plátano, comería otra cosa, y le estaba quitando a mi hermano su sustento.

Cuando, concluyendo su razonamiento, me dijo que tenía que comerme el plátano, ya no pude comerlo, ya loo había comido.

Mi Cristo, el escupido, el vendido, es el hambriento, el que busca en la basura por el hambre.


 Lo que no debemos olvidar

     P.Josep Margalef, Sch. P.

Hace poco tuve la ocasión de deambular por uno de los campamentos del Frente Popular Francisco Villa en Iztapalapa con ocasión de la Feria de la Salud organizada por Manos que Ayudan, I.A.P.

Con vergüenza he de confesar que hacía tiempo no entraba en contacto directo con estos ambientes de suma pobreza en los que antaño tanto contacto llegué a tener.

Volví a ver a estas buenas gentes hacinadas en sus casas que no son tales; esas viviendas de pieza única de a lo sumo 3 X 5 metros y techo de cartón embreado; esos cuartos en que deben vivir hasta 6 ó 7 personas.

Volví a ver esos hábitat omnímodos: cocina-comedor-dormitorio-sala de estar, que por su pequeñez impide tener el mobiliario mínimo indispensable y obliga a compartir la cama con otras dos o tres personas; que obliga a comer sentados en el borde de la cama; que hace inevitable la promiscuidad y la ausencia total de privacidad para vestirse o que los pequeños dejen de ver lo que sus papás hacen cuando creen que ellos duermen.

Volví a ver la ropa colgada en los clavos de la pared y medio tapada por una sábana (imposible perder el espacio que ocuparía un rudimentario ropero). Volví a ver las clásicas micas azules con los documentos familiares (certificado de boda, boletas de la escuela, actas de nacimiento y..., para de contar) guardados debajo del colchón junto con alguna falda o pantalón que necesitan mantenerse “planchados”.

La reflexión acudió espontánea a mi mente. “Si la mayoría de los niños de Hogares Calasanz proceden de estos ambientes ¿qué educación les estamos dando?”

Concretando: ¿hasta que punto debo tener por desidia el que los niños de hogares no acomoden su ropa, duerman vestidos, metan sus ‘cosas’ debajo del colchón,? Esto es lo que siempre han vivido. Es lo normal para ellos.

Las personas que venimos de otros ambientes nos parece que los hogares están “patas arriba” cuando para los niños están “muy bien acomodadas casi todas las cosas”. A nosotros nos parece del todo impropio guardar las cosas debajo de la cama y para los muchachos es lo más útil pues se ahorra espacio.

No exagero mucho. Los educadores de Hogares Calasanz y los niños que atendemos juzgamos la realidad desde ópticas distintas. Y también es cierto que los educadores de Hogares queremos que nuestros muchachos progresen social y culturalmente; que sus vidas se dignifiquen, que como personas se valoren por lo que son.

La sociología (y el Evangelio) nos enseña que para cambiar a un grupo social, para dignificarlo, no se puede influir sobre él desde fuera; no se puede generar cambio ni evolución con la postura de que yo sí sé lo que te conviene y necesitas, yo sí tengo una cultura superior que te quiero enseñar y compartir; no se puede uno siquiera acercar a la gente si se cree mejor que ellos.

La sociología (y el Evangelio) nos enseña que para generar cambio en un grupo social este cambio debe nacer en su propio seno (ser levadura que dice el Evangelio).

En Hogares Calasanz, pues, debemos partir de la misma cultura de la pobreza, considerada como un valor en sí, y desde ella motivar a la gente, a los muchachos, para que sean agentes de su propia promoción y progreso. Y esto es largo. Y mientras dura el proceso el hogar se parecerá más a una de esas viviendas de los campamentos de Iztapalapa o a la recámara rentada en una vecindad del centro histórico.

Y mientras pasa eso deberemos seguir haciendo equilibrios malabares para que comprendan nuestras razones y explicaciones los donadores, benefactores, voluntarios y los del DIF, que sólo ven el desorden y les cuesta aceptar que estemos educando. Pero no podemos caer en la tentación de dejar de educar adecuadamente para presumir de institución modélica “en su género”.

Tampoco podemos pasar por alto el grave peligro que corren todas las instituciones: hacer de los muchachos unos institucionadictos, es decir, enseñarles una forma de vida, proporcionarles unas comodidades, que cuando salen de la institución no van a encontrar, con la consiguiente crisis y frustración. No olvidemos que la inmensa mayoría de nuestros muchachos, cuando dejen los Hogares Calasanz, aunque se hayan superado, tengan estudios y las heridas sanadas, irán a vivir a un cuarto de vecindad o a una vivienda parecida a las que vi en el campamento del Frente Popular Francisco Villa.

No podemos propiciar que nuestros muchachos no soporten vivir “fuera de hogares”, como aquellos presos que cuando alcanzan la libertad luego, luego, vuelven a delinquir no por incorregibles sino porque necesitan regresar al reclusorio pues “ya no se hallan, no soportan vivir” fuera de él.

Por lo demás, a lo bueno todos nos acostumbramos rápidamente. Así que, si nuestros muchachos con esfuerzo y trabajo progresan económicamente no me cabe la menor duda que sabrán vivir muy adecuadamente en su nueva condición social.


noticias

Ø     Veracruz

Ø      Damos la bienvenida a Marco Antonio Ramírez Falfán como nuevo tío del hogar Campestre I.

Ø      El domingo 15 de septiembre, los niños del Hogar Carranza fueron al Zócalo a oír el grito y disfrutar de los juegos pirotécnicos.

Ø      Los chavos de Campestre I tuvieron la invitación a la Kermés de la capilla del Rosario. Los jóvenes del grupo Dinamis Adonai nos invitaron a una noche mexicana.

Ø      Todos los chavos de hogares fueron invitados a formar parte del club de futbol de la liga municipal "Monito Caruz". Damos las gracias a los directivos de esta escuela por cooperar así con la educación integral y reinserción social de los chavos.

Ø      Damos la bienvenida a la señorita Maricarmen que se incorpora a las actividades de los niños con la clase de catecismo.

Ø      Luis, Francisco, Ángel y Fredy tuvieron su retiro espiritual por parte de la escuela Calasanz. Los felicitamos por sus buenos propósitos y pediremos a Dios para que puedan cumplirlos.

Ø      Felicitamos por su cumpleaños a Josué y Tía Ceci.

Puebla

Ø      Se han independizado de hogares Luis, Alberto, Agustín y Edgar. Les deseamos lo mejor en esta nueva etapa que comienzan en su vida.

Ø      Todos los miércoles se reúnen los tíos para recibir capacitación por parte de profesionistas y evaluar su trabajo. El padre Rosalío coordina estas reuniones y acepta colaboradores.

Ø      Los viernes asisten los chavos a pláticas sobre hábitos de estudio, sexualidad, higiene y otros temas interesantes y formativos.

Ø      Todos los chavos ya se están preparando para los concursos de villancicos y pastorelas. Les deseamos mucho éxito.

Ø      A fin de dar conocer la obra, recientemente salió un pequeño reportaje de los hogares de Puebla en un noticiero de la Televisión.

Tlalpan

Ø      El hermano Enrique Torres, escolapio, se ha integrado al hogar para colaborar con los chavos. Le damos la bienvenida.

Ø      El 22 de noviembre se realizará un concierto a favor de los hogares del DF. Agradecemos al P. Juan Antonio Domínguez por permitirnos usar el colegio de Apizaco y a Alejandro Estrada por obsequiar el concierto.

Ø      Los chavos del hogar asisten frecuentemente al juniorato que es la casa de formación de los escolapios jóvenes. Ahí juegan en la cancha y son apoyados por los juniores en sus tareas escolares.

Ø      Damos la bienvenida a Naty, una exalumna del colegio de Ocotlán, Tlaxcala que se integra para colaborar en el hogar.

Ø      Agradecemos al Dr. José Luis Nava (dentista de Tlalcoligia) por la atención que ha dado a los pequeños.

Ø      También damos las gracias al grupo scout de Tlalcoligia que siempre ha recibido bien a los chavos del hogar. A la vez ellos son muy entusiastas y participan bien en sus actividades.

Ø      Deseamos mucho éxito al equipo Internacional de Futbol donde juegan nuestros chavos.

 

 

Para mayores informes con relación a HOGARES CALASANZ favor de contactar informacion@calasanz.org.mx

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