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Hogares Calasanz

Educación alternativa con los niños de la calle

Provincia Escolapia de México

No. 25 Año 5

marzo-abril de 2005

 

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En el último día del mes de abril celebramos el día del niño, una fiesta de mucha alegría para nuestros Hogares Calasanz, un motivo para hacer nuevas amistades como sucedió en esa fiesta que el juniorato de México dio a los chicos del hogar de Tlalpan.

Ese día también es una fecha para reflexionar sobre la situación en que todavía viven muchos niños en nuestras ciudades.

¿Por qué?, ¿por qué muchos niños no viven como niños?,

¿por qué son lanzados a la vida adulta a una edad tan temprana?

         Son preguntas que nos desgastan y tal vez nunca encontremos respuestas.

         ¿Qué podemos hacer para que los niños vivan plenamente y felizmente su infancia?

         Para esto sí hay una respuesta.

         Tu apoyo, tu tiempo, tu amistad… eso sí  es una gran respuesta.

 

 

Hogares Calasanz

 

Apreciación total de uno mismo

 


 

Muchas veces en nuestro contacto con las personas con quienes convivimos cotidianamente (familiares, compañeros de trabajo, o niñas, niños o jóvenes infractores o en condición de calle), notamos que se comportan de manera difícil, no cooperan, no hacen el esfuerzo suficiente, no quiere mejorar, etc. haciendo nuestra vida un poco más difícil de lo usual, despertándonos sentimientos de desesperanza, enojo e irritación.

 

Nos dan la excusa para querer cambiar de trabajo, de grupo, de hogar y hasta de familia, sin darnos cuenta que la persona se comporta de esa manera rígida por viejas lastimaduras emocionales, que repite de manera tal que ella misma se identifica y confunde con la acción y, obviamente, también a nosotros nos confunde, ya que no podemos ver a la persona, al ser humano; sólo vemos su comportamiento y conducta angustiosa.

Lo que sucede es que la persona se ha identificado con su patrón rígido (soy malo y lo van a ver, soy un tonto, soy agresivo) y lo actúa todo el tiempo, resultándole imposible por sí misma ver la diferencia entre su ser y su actuar angustioso y mirarlo con objetividad, diferenciando su persona del problema (la persona es la persona, el problema es el problema).

Necesitamos que la persona dimensione y vea objetivamente al patrón que porta (así como el perro lleva en su pelambre pulgas), pero ello es muy difícil por más sincera que sea su voluntad y motivación (yo no soy un borracho, sólo bebo de vez en cuando; no soy mujeriego, sólo me gustan las aventuras; a nadie le importo; no valgo nada; no soy un irresponsable, etc.). Por eso es muy importante que al escuchar y prestar atención a una persona, a través de nuestra inteligencia proveerle información para que llegue a diferenciarse ella misma de sus comportamientos irracionales.

Hemos observado que cuando valoramos a un ser humano éste recobra un poco del valor de su persona ocultado por la angustia, lo que nos permite apreciar la capacidad que tenemos de recuperación de las conductas aberrantes y ver la bondad de todo ser humano, no importa cuán obscurecida se encuentre su inteligencia por los sedimentos de la angustia. En estas situaciones, rápidamente identificamos la conducta angustiosa y ofrecemos la dirección o la frase que contradiga lo suficiente el patrón para propiciar el desahogo, y recupere su inteligencia y una más exacta visión de su ser. Les ofrecemos frases y acciones para contradecir el patrón (soy bueno, soy valioso, soy guapo, yo puedo, soy capaz, etc.) y puedan seguir funcionando.

Pero sucede que no siempre tenemos esta capacidad, no nos encontramos todo el tiempo suficientemente afilados, racionales, alertas y efectivos, o con la atención para hacerlo, y sentimos que deberíamos y que nuestros niños, niñas y jóvenes dependen de nuestra atención para sentirse bien y superar las angustias que les invaden. En otras ocasiones, sus angustias nos recuerdan situaciones similares que hemos vivido y perdemos la paciencia y la creatividad y bien, o nos negamos a pensar en cómo podemos contradecir ese patrón angustioso que lo tiene atrapado, o nos apartamos de la persona.

Hemos descubierto también, que si ofrecemos cercanía física (expresiones de afecto, mirar a los ojos directamente, tomar de la mano, palmear en el hombro o rodear la espalda con el brazo), puede ser un bálsamo y devolver la confianza en sí mismo. También compartir y aceptar afecto con un grupo de otros seres humanos equivale a contradecir el aislamiento emocional en que la mayoría de los seres humanos hemos vivido, por eso es tan importante un ambiente familiar de cercanía en el Hogar. Pero no siempre podemos estar cerca y, sobretodo, que se nos permita la expresión de la misma ya que personas heridas de forma emocional y física, difícilmente aceptan esta cercanía.

Los sentimientos de desprotección y dependencia invaden la relación del educador de hogar con el residente, así cuando el adulto se encuentra fuera del Hogar o los jóvenes se alejan de él, reviven la dependencia que tuvo el niño, niña, joven en su infancia al instalarse las angustias que conforman el patrón de angustia que muestran (mentiras, robo, violencia, agresividad, desvaloración, etc.) por ello caen nuevamente en la conducta irracional, y la dependencia frena que salgan del patrón crónico de comportamiento. Es por eso muy importante que aunque la gente joven no se encuentre cerca de nosotros tengan acceso a una herramienta que les permitirá por si mismos salir de las conductas aberrantes y esto es la AUTOVALORACIÓN SIN LÍMITES NI RESTRICCIONES.

¿Cómo llevarla a cabo?

Primero tenemos que establecer una clara diferencia entre el patrón de conducta angustioso que lo victimiza y el ser humano racional.

¿Cómo distinguir un patrón rígido? Es toda aquella conducta rígida repetitiva irracional y que va en contra de la supervivencia cualitativa del ser humano.

Si no se establece esta diferencia y si, por un lado, se trata al patrón de conducta como el ser humano, sería como intentar razonar y comunicarse con el patrón, o como tratar de extraer una respuesta flexible a una mente rígida; el patrón solamente es capaz de producir respuestas repetitivas y rígidas. Por otro lado, tratar a la persona como si fuese el comportamiento angustioso, equivale a desvalorizarla, a no comunicarse con ella, a comportarse como si ese ser humano fuese un idiota; y tampoco funciona.

Segundo, tener la certeza que cualquier ser humano es valioso, que cualquier ser humano es digno de aprobación y admiración ilimitada; cualquier reserva al respecto debe dirigirse al patrón angustioso y no a la persona.

Tercero, existe una dirección segura para deshacernos de conductas rígidas angustiosas la cual puede adoptarse por voluntad propia y acuerdo con el escucha; y esta es apreciarse a sí mismo por todos los medios y sin ninguna reserva.

¿Qué significa sin ninguna reserva?

El participante tendrá pensamientos que le lleven a no apreciarse totalmente, a exigirle que cambie la dirección mientras está intentando seguir la autoapreciación. Lo que tiene que hacer es rotular ese pensamiento y servirle de dirección opuesta (Ej.: soy gorda, soy atractiva; tengo una cara espantosa, soy guapa; nadie me quiere, soy el centro del universo; nadie me aprecia, Dios creó todo el universo para mí).

Cuanto más entusiasta sea la autoapreciación que intente más se llenará la mente de fantasmas de: autocrítica; defectos, en apariencia genuinos, súbitamente recordados; aparentes fracasos y limitaciones; obviamente todos ellos son grabaciones sobre las que se fue creando el comportamiento angustioso, Las grabaciones negativas sirven de combustible para continuar con la autovaloración y propiciar el desahogo y la liberación de esas grabaciones angustiosas que nos hacen comportarnos algunas veces de manera irracional.

Algunas veces, al participante la autoaprobación le parece una fantasía ridícula y equivocada y se resiste a llevarla a cabo; nuestro papel es esperar a que formule las palabras que considere adecuadas y por ningún motivo caer en la tentación de valorar nosotros a la persona; en este caso la espera se verá recompensada pues, cuando encuentre el hilo conductor, se abrirá a una lista descriptiva de su completa humanidad. Nuestro rol no es pasivo, tenemos que animarle a que busque en su mente esas cualidades inherentes que todos los seres humanos tenemos por el simple hecho de existir.

Para que el proceso de recuperación sobre el valor de nuestro ser siga funcionando, es necesario que las autovaloraciones se digan en tono exaltado, con una voz firme y alta y con una postura física y facial de completo agrado de sí mismo.

 

                                                                       P. Alejandro García-Durán (Chinchachoma)

 

 

Mi nombre es NARNO ENOC ROSAS,

y el resumen de mi vida se resume de la siguiente manera:

 

            Primero cabe decir que nací en Poza Rica, Veracruz, pero sólo viví ahí 3 años de mi infancia, 2 más en Villahermosa Tabasco y 3 en Salina Cruz, Oaxaca. De lo anterior tenemos que fueron 8 años aproximadamente los que viví con mi familia, pues a esa edad me salí definitivamente de mi casa por problemas familiares, y me hice “niño de la calle”. Estando en Salina Cruz, Oaxaca, decidí junto con unos amigos de mi edad irme a Veracruz, a probar fortuna, vendiendo chicles, boleando zapatos, o tirando las basuras de los restaurantes por unas propinas.

            De éste modo llegué a Veracruz, pasé cerca de un año viviendo en la calle, y en ese tiempo fue cuando conocí a los Padres Escolapios. Fue el Padre Eduardo Tototzintle, en ese entonces Director de Hogares Calasanz Veracruz, quien me propuso a mi y a mis amigos ingresar a los Hogares. Nos decidimos a entrar, y de los cuatro que inicialmente éramos, 2 se fueron al siguiente día y uno más se fue al mes porqué pasó su papá por él. De este modo sólo quedé yo, y aunque mi mamá pasó tiempo después queriendo que regresara a la casa, no lo hice, y hoy día creo que es lo mejor que pude haber decidido.

            De éste modo, estuve en Hogares Calasanz de Veracruz hasta los 13 años aproximadamente, fue mi tiempo de más rebeldía, y aunque estudiaba y no salía mal en la escuela, fui algo flojo y demasiado violento, por lo cual me corrieron a esa edad como cuatro o cinco veces de Hogares, en la última me dijeron que ya no podría regresar a los Hogares porque no tenía compostura (estuve a punto de golpear a mis trece años, a un señor de los que nos cuidaban, porqué me parecían injustas sus actitudes). La cuestión es que perdí otro año escolar, el segundo de secundaria, que ya no acabé pues o trabajaba y mal comía o estudiaba. Me quedé a vivir en un taller mecánico como tres meses, los mecánicos me llevaron cobijas y medio me adaptaron un colchón en el taller, pero al final no podía, me estaba enfermando pues lo que ganaba sólo me alcanzaba para comer donas o conchas bimbo y un refresco diario, y luego con la gasolina y demás componentes del trabajo me dolía la cabeza. Me regrese a mi casa, pero mi intento de reintegrarme a mi familia duró cerca de un mes, y tuve que volver a Veracruz porqué no podía seguir en mi casa. Algo había que hacer pues de otro modo era quedarme en el taller a esperar una anemia, o alguna otra enfermedad similar, y era renunciar a ser alguien más demasiado temprano.

            Total, busqué la dirección de los Hogares Calasanz en Puebla, supe que allí estaba el Padre Eduardo Totozintle, y pues me traslade de Veracruz a Puebla sin nada más que mis documentos escolares, los que llegando dejé en el taxi que me llevó al Hogar porqué no tenía para pagarle, con la promesa de que regresara con ellos y le pagaría lo del taxi en cuanto llegara el Padre Eduardo al Hogar. De principio no me querían recibir en los Hogares de Puebla, pues iba a haber conflictos con los Hogares de Veracruz, y ya que me admitieron fue de forma muy condicionada, al primer pleito con alguien de la casa me iba del hogar. Terminé la secundaria en una escuela federal, y fui después el primer chavo de hogares que, no sin antes pasar por dos amenazas de expulsión en la secundaria federal, tuvo la oportunidad de entrar a la escuela de ricos de los Padres Escolapios, el Instituto Carlos Pereyra de Puebla, pues originalmente todos íbamos al Calasanz.

            Entre las cosas que pasé en la Preparatoria, puedo decir que hice muy buenos amigos, que todos los años reprobé matemáticas, y que en segundo año de preparatoria jugando con un amigo me dieron un balazo. La bala me perforó el intestino grueso, me rebotó en la columna y me atravesó la arteria femoral de la pierna izquierda, tuve hemorragia interna pues perdí 4 litros de sangre, pero gracias a Dios me salvaron la vida, dicen los doctores que me regresaron con electroshocks, pues por la pérdida de sangre me había quedado sin presión, y que fue un milagro que sobreviviera pues uno de cada mil que pasan por eso sobreviven, y pues si me había salvado es que Dios quería algo para mí. Algo chistoso de esto, es que cuando fueron los del Hogar a donar sangre a la clínica, a todos los rebotaron porqué tenían tatuajes, y quienes me dieron sangre fueron mis compañeros de la preparatoria.

            Lo anterior, en conjunto con la ayuda de la gente que trabaja en Hogares Calasanz (el Padre, tíos y maestros), me fueron ayudando a tranquilizar mi carácter, sin embargo, todavía seguía siendo bastante violento cuando me provocaban. Hubo la oportunidad de conseguirme por medio de Hogares una beca en la Universidad Iberoamericana de Puebla, y pues le entré, señalando además que hubo gente que se arriesgó por mí, pues el primer semestre lo tenían que pagar completo y sólo hasta el segundo semestre se vería si me daban la beca y el porcentaje, y como ya dije antes, la gente del Patronato de Hogares de Puebla arriesgó por mi una lana, gente que tenía y estoy seguro tiene bastante corazón, pues de ellos había quienes ni me conocían.

            En el transcurso de la Universidad me acerqué a una familia que me brindó su apoyo desde el principio para que me preparara, pagándome clases particulares de inglés, la familia Espinosa-Anaya. Ellos son los principales responsables de los cambios que para bien he tenido, me han apoyado incondicionalmente como a un hijo, y me han ayudado a no meterme en problemas, sacándome de problemas cuando ya estoy metido en ellos. Es bien raro, pero ellos son como mis papás y están bastante jóvenes, tienen como 33 ella y como 36 él. Su hija Mariana tiene 4 años, y tienen un nuevo bebé-José Francisco- de apenas un mes y una semana. Uno no creería que conociéndome grande ya, se hayan hecho cargo de mí como un hijo, pero han hecho más que eso. Por ellos he adquirido la seguridad que antes no tenía, se que no me falta nada y que no voy a estar sólo porqué los tengo cerca siempre, en fin, me siento querido por esta familia, mi familia.

            Hoy en día estoy en un proyecto de trabajo y de vida aquí en Veracruz, me vine a trabajar con un despacho muy grande de Puebla y con ganas de crecer y hacerme mejor como abogado. Aquí en Veracruz he recibido el apoyo del Padre Miguel Giraldes, quien sin conocerme, y tal vez sólo con referencias mías (obviamente de gente que me quiere y pudiera no ser objetiva), me ha dado la oportunidad de estudiar la maestría becado, de dar clases en la Universidad, y pues siempre es bueno saber que no estás sólo, que tienes alguien aquí en Veracruz que te está apoyando y que me ha tendido la mano en Veracruz de una forma muy abierta y sin conocerme.

            Lo que sigue en mi vida es tratar de irme a estudiar un Doctorado, obviamente acabando primero la maestría. Me gustaría conseguir una beca en España, pues por el idioma y el nivel sería mi primera y mejor opción de poder escoger. De éste modo, voy a poner mis esfuerzos en el año y medio que me falta por acabar la maestría, en buscar las oportunidades u opciones para irme a estudiar a Europa, en especia a España, un Doctorado. La materia pudiera ser Derecho Internacional Privado, Laboral o Empresarial, eso no lo defino muy bien a tanto tiempo de distancia de acabar la maestría, lo que si es que me quiero seguir preparando para que, ya sea como abogado litigante o como catedrático, sea mejor en lo que haga a futuro. Creo que también dependerá un poco de las opciones que encuentre en una Universidad que pueda becarme.

            En fin, eso es un resumen de mi vida, todo lo que tengo es agradecimiento hacia la gente que la ha hecho, pues al final soy producto de trabajo (y bastante), de la gente que se ha encargado de componerme, educarme, moldearme y quererme, ellos han hecho las cosas buenas que hay en mí, de todo lo malo yo soy el culpable, pero primero Dios lo iremos corrigiendo con la gente que me quiere.

 

 

 

Ø     Un especial agradecimiento a todas la personas que apoyaron a nuestros hogares Calasanz de Puebla, Tlalpan y Veracruz para las celebraciones del día del niño.

 

Ø     Les invitamos a todos a participar en la peregrinación anual de los escolapios a la Basílica de Guadalupe: 28 de mayo de 2005.

 

 

 

 

     

 

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