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Hogares Calasanz

Educación alternativa con los niños de la calle

Provincia Escolapia de México

No. 30 Año 5

enero-febrero de 2006 

www.calasanz.org.mx                         informacion@calasanz.org.mx

 

Una de las mayores preocupaciones de los Hogares Calasanz es, sin duda, la búsqueda de los recursos humanos. ¡Pero muy humanos! porque el trabajo con estos pequeños requiere gente muy compromettida, que de verdad ame a los niños, que se entregue con mucha fidelidad a escucharlos, que les inspire confianza, que sea capaz de proporcionarles ejemplos de bondad, generosidad y esperanza.

Al cierre de este número iniciamos un curso más de nuestra serie de sesiones de capacitación para tías y tíos de Puebla, D.F. y Veracruz.

Estas sesiones son todavía actividades poco conocidas en los hogares. No por esto son menos importantes para servir mejor a estos niños que nos interpelan constantemente con nuevos retos.

Nuestros mejores deseos a todas las personas que hacen posible el desarrollo de nuestra obra.

Hogares Calasanz

 

  Enviamos un saludo cariñoso a Miguel de los hogares de Puebla, deseándole una pronta recuperación de su operación.

¡Ánimos Miguel, que todos estamos contigo y te queremos!

  

Una cobija para…

Rescatamos y damos a conocer una impresionante carta que el Chincha recibió el 23 de octubre de 1998.

 P. Alejandro García Durán

Presente,

            Llegó a mis oídos la noticia de que usted había ido a visitar al Sr. Daniel Arizmendi López *, al CERESO de Almoloya de Juárez. Por este motivo me dirijo a usted, pues quiero por su medio hacerle llegar una cobija que yo tejí para él.

            Le haré un poco de historia. Cuando aprehendieron al Sr. Arizmendi López, lo ví a través de la televisión. Me impresionó vivamente la tristeza de sus ojos. Me conmovió en el alma. Desde entonces hago oración por él, por su conversión, por su arrepentimiento. Me gusta ir a la Santa Misa con frecuencia y ahí oro por él, ofreciendo la Sagrada Comunión por este motivo.

            Como padezco de insomnio me propuse ponerme a tejer para cansarme y poder dormir bien por la noche. Cuando mi hermana me preguntó qué era lo que tejía, le dije que una cobija. Que sea para mí, yo te la compro, me dijo. Mi esposo también me preguntó por lo que tejía y también quería para él la cobija. Mi hijo el mayor, que tiene 16 años, al enterarse de que tejía una cobija me la pidió.

            Dios mío, ahora sí que me encuentro en un dilema, pues no sé a quién dársela, pues a los tres los quiero. Dios mío, dime a quién le doy la cobija… y, mientras oraba al Señor, me dijo vivamente que al Sr. Arizmendi López.

            Yo me quedé perpleja y se me encendieron las mejillas. ¿Al señor Arizmendi y no a mi familia?

            El Señor me hizo entender la parábola del Hijo Pródigo, cuando el padre de familia le dice a su hijo mayor que estaba enojado:

            Hijo mío, tú siempre has estado conmigo y todo lo mío es tuyo, en cambio este hijo mío estaba perdido y ha sido recuperado.

            Dígale al Sr. Arizmendi, que no fue mala suerte que lo hayan capturado. Dios no quería que siguiera haciendo más daño. Dios quería decirle cuanto lo ama, pero así como andaba a salto de mata no era posible que escuchara. Es por eso que fue necesario llevarlo al silencio, a la soledad de su celda, al desierto. En el desierto es donde se dan las grandes purificaciones y las grandes transformaciones.

            P. García Durán, le agradezco de antemano su atención a la presente y le envío cordiales saludos rogándole los haga extensivos al Sr. Arizmendi.

 Atentamente,

      Sra. Conchita

 

Pd. La cobija lleva una etiqueta que dice: Para alguien especial. La cobija es un signo visible del amor misericordioso de Dios para su hijo especial que es el Sr. Arizmendi.

 

*Preso en el penal de alta seguridad de Almoloya de Juárez, acusado de secuestros. Se le ha conocido con el sobrenombre de El Mochaorejas porque a quien secuestraba le cortaba un trozo de oreja y la enviaba a los familiares de las víctimas para forzar el pago del rescate.

 

 

Carta abierta para una mujer admirable

 

            Querida tía Soco:

 

Me llenó de alegría la noticia de la publicación de su libro.

¡Maravilloso! Tenemos en nuestras manos una buena reflexión acerca de los niños de la calle, escrita por una persona entendida en el tema, muy comprometida con su labor y llena de amor por cada uno de estos ángeles, como usted nos ha enseñado a llamarlos ahora. Esto será de gran ayuda para comprender mejor el compromiso que implica colaborar en esta obra.

Otra gran riqueza que he encontrado en su libro es la memoria histórica, una tarea muy importante para que no se pierdan las miles de anécdotas que circulan oralmente acerca del Chinchachoma. Después de seis años de su muerte ya estamos corriendo el grave peligro de perder muchos datos que, si no los ponemos por escrito ahora, dejaremos pasar una valiosísima oportunidad de rescatarlos. Es momento de asegurar la tradición oral.

Recuerdo que, justo hace un año, un escolapio llamado Gorka, me comentó algo acerca de esas personas que, desde su discreta posición, han sido pilares muy importantes en la obra de los hogares.  Usted es una de ellas. Y en esto hemos de sentirnos muy agradecidos ya que nos ha compartido muchas cosas que serán de gran utilidad para comprender mejor a los niños, para darnos ideas de qué hacer en situaciones cotidianas en las que nos asaltan las dudas y hay que responder inmediatamente.

            El libro contiene tres biografías, tres historias que se entrelazan en una sola, o bien, muchas escenas enfocadas desde tres ángulos que su narración incluye: la vida del Chincha, la vida de los chavos y la vida de usted, tía Soco. Me encanta que presenta todo esto como un don de Dios, como una misión, como un acto de amor.

Me quedé pensando por mucho tiempo en la lógica del niño que no es pescao. No se me hubiera ocurrido antes que el agua en la fuente del parque está más chingona que en la regadera.

            He disfrutado mucho imaginarme esas todas esas escenas tan propias del Chincha, con los niños montados en su moto, saliendo de la parroquia del Altillo, la conferencia descalzo, la quema de los billetes, las chinchaolimpiadas, las canciones, el concurso de comerciales, la carrera de sapos, catarinas y ranas, la broma con el niño chapulín, los poemas navideños y su inolvidable voz  que le abría todas las puertas ¡pinches cabrones!

            Mire que he tenido el enorme gusto de conocerla y, aunque han sido pocos los momentos (recuerdo algunas juntas, el velorio del Chincha, algún evento), sé bien quién es usted al verla con los niños, al escucharla en su búsqueda por mejores condiciones para ellos. Ahora sé un poco más de su admirable misión al leer su libro y percibir el eco que me deja la lectura de la anécdota del diente del perro, la respuesta a la “gente limpia” de los baños, las abundantes descripciones de los abusos que han sufrido los chavos,  la corrupción de los policías, el incendio, la enorme lista de gente buena que ha ayudado en los hogares, la música para que durmieran tranquilos, el cuento de los tres cochinitos, la carta que le escribió al Chincha cuando lo del padre y el ofrecimiento de su tiempo para Dios.

            Muchas gracias tía Soco. He aprendido tanto que me llevará tiempo digerir la sabiduría que contienen todas esas narraciones y reflexiones. Por ahora constato que el léxico de los hogares ha crecido. Ya hablábamos antes de diamantes cagados, de niños callejeros, de escupidos, de pequeños monstruos… pero ahora también hemos comenzado a hablar de ángeles.

Amemos a estos ángeles que nos cuidan, nos dan grandes ejemplos, nos inspiran ternura, nos quitan el sueño, nos enseñan tantas cosas, nos sostienen, nos contagian por su valor y nos dan su bendición en este cielo que, como usted nos ha enseñado, podemos vivir a cada instante. Esta bendición sí vale.

 

Francisco  Anaya Walker, Sch. P.

 

 Una experiencia en los hogares

     Unos minutos antes de comenzar la sesión de capacitación para tías y tíos de los hogares, en la Ciudad de México, José Guadalupe, joven escolapio tabasqueño, nos comparte su testimonio y sus reflexiones acerca de algo que ha sido muy importante para él en su vocación.

             Soy José Guadalupe Álvarez Martínez, tengo 23 años vivo en el juniorato escolapio, estudio tercero de Teología, soy de Comalcalco, Tabasco.

            Los juniores realizamos diferentes apostolados en grupos juveniles, catequesis, grupos de jóvenes como el Ágape, acólitos, el coro. Armando y yo colaboramos en los hogares.

            Lo que hago con los niños es aprender de ellos, de sus virtudes y valores, que son muchos, y acompañarlos, ser un amigo, un hermano, alguien en quien puedan confiar, alguien en quien puedan encontrar amor y cariño. Les ayudo en sus tareas, tengo dinámicas y juegos con ellos.

Los sábados por la noche tengo que convencerlos de ir a dormir. A veces es difícil llevarlos a la cama porque son niños activos, que juegan, que tienen muchas ganas de seguir despiertos, pero ahí hacemos el esfuerzo, los cansamos con juegos hasta que les entra el sueño.

            Antes se les da la cena, ayudo a la tía Andrea o a su hermana que la traen voluntariamente para compartir con ellos. Se convive familiarmente el momento de compartir los alimentos.

            El domingo por la mañana les doy su desayuno, jochos o enfrijoladas, y su leche, que les gusta mucho. ¡Parecen becerros! A las nueve se preparan para ir a misa a la parroquia de Tlalcoligia o a la capilla del Pedregalito.

            Durante la mañana hacen su aseo, entonces yo les apoyo para que aprendan a hacerlo correctamente.

¿Qué ha significado esta experiencia para ti?

Los hogares para mí han significado muchísimo en mi vocación. Me han confirmado mi identidad de ser escolapio con los niños. Me hacen regresar a lo esencial y me ayudan a ser conciente de sus necesidades y de las riquezas que ellos tienen. De verdad invitaría a muchos a que tuvieran esta experiencia de convivir y compartir con estos niños. Podemos enseñarles mucho pero también ellos nos enseñan mucho.

            Alguna vez que voy triste o cansado ellos me regresan el entusiasmo, ya que ellos, a pesar de muchas dificultades, luchan por darle sentido a su vida. Para mí ha sido algo que me ha motivado. Me han causado mucha alegría, entusiasmo y muchas ganas para entregarme a la vida escolapia. En ellos encuentro mucho del sentido de este carisma.

            Siendo realista también percibo el dolor que ellos han sufrido. Algunos se han acercado en confianza a contarme acerca de la experiencia de su vida. Esto me llega, me provoca y me interpela. En verdad siento dolor, pero también siento su deseo de salir adelante y esto me ayuda para brindarles una mano amiga, es decir, presentarme como un compañero de camino que les apoya.

           

Alguna anécdota que nos cuentes.

            Lalito es un niño que hay necesidad de cargarlo para llevarlo a cualquier lugar. Una vez, ya que se había bañado me gritó: Tío Lupe, ¡ya! Lo cargué, pero a la salida del baño hay un desnivel. Se me dobló el pié y ¡sopas! Para abajo.

            Entonces me dijo: Tío, ¿para qué me tiraste? Me dolieron las pompas.

            Ya después lo anduvo festejando, le daba risa y les contaba a todos los tíos que nos habíamos caído.

 

¿Qué les dirías a los otros jóvenes escolapios que se están formando contigo?

            Hay que dejar de acomodarnos en lo de siempre y buscar estas experiencias que nos hacen regresar al origen de la vocación. Es regrear al amor primero que me motivó a seguir una vida así. Que vale la pena entregar la vida en este tipo de convivencia, servicio y compartir con los niños en los que se muestra el rostro de Dios.

           

En otros países también hay hogares llevados por escolapios. ¿Qué inquietudes te despierta esto?

            Me encantaría conocer más acerca de estas obras. Son hogares con diversas experiencias y me parece que es muy enriquecedor conocer realidades distintas. Es bueno para tener un vagaje que nos proporcione posibilidades de aportar más .

 

¿Tu experiencia en hogares ha causado alguna vez algo negativo contra tu vocación?

No. Ha sido muy enriquecedor. Me beneficia en mi vocación, me reafirma, me fortalece en el carisma escolapio y me recarga las pilas.

 

¿Qué te piden los niños?

Lo que más me piden es compañía, que esté con ellos, que comparta con ellos. Aquí veo una gran petición: que se sientan queridos.

 

¿Qué retos te despierta esta experiencia?

El principal reto que me despiertan los hogares, desde el primer día en que fui, es prepararme mas. Entiendo que mi voto de enseñar implica el compromiso de aprender. Me piden ser más humano y esto me lleva a compartir con ellos lo que aprendo.

Pero, sobretodo, mantenerme sólido y sincero en mi vocación. Mi primer reto es éste, ser firme en mi vocación.

 

¿Cómo ves a los escolapios de México ante los hogares?

Los hogares son una gran obra que va floreciendo.  No es perfecta pero crece. Es una de las obras que más se identifica con lo que somos los escolapios y no siempre la hemos cuidado como debería ser. No quito los méritos de un colegio, pero a veces se les da más importancia que a los hogares.

 

¿Cómo eras antes de venir a hogares?

Cuando me enfrento a esta realidad y vivo esta experiencia noto muchas cosas que casi ni las creo. Antes me preocupaba por cosas superficiales y materiales. Ellos me han ayudado a profundizar en el misterio de la persona. Me han ayudado a profundizar más en lo que soy.

 

Ya hay casa nueva en Tlapan ¿cuál será el siguiente paso de la comunidad escolapia?

Que todos le pongamos más interés para darle lo mejor a los niños. Que crezcamos ahora en estructura y capacitación.

Yo pediría que todos los escolapios en formación tuviéramos una experiencia de colaboración en los hogares. Que todo junior pase por el hogar.

Los demás apostolados tienen su valor, pero la realidad de estos niños es otra, te interpelan más y provocan hacer mayor conciencia. Es una experiencia de mayor intensidad. Hay más exigencia, nos piden ser mejores humanos, más fieles y muy sinceros. Jamás nos dejan fingir,  te hacen mostrarte tal cual eres, sin temores. Cuando tú vas, ellos ya vienen. Por eso esta experiencia sirve mucho para ubicarte.

 

¿Algo sobre la tía Mode?

En ella he visto una persona entregada en lo que hace. Le agradezco mucho todo lo que hace y quisiera aprender más de ella. Da su vida sin intereses personales. Alguna vez me ha expresado que encuentra el rostro de Dios en los niños.

 

¿Algún mensaje a los lectores de Hogares Calasanz?

Hay muchas posibilidades de compartir, en lo económico y en lo afectivo, conviviendo con ellos. Yo invitaría a otras personas a convivir y entrar en la dinámica de los hogares.

De verdad que vale la pena dar la vida en este tipo de obras.

A las personas que colaboran les digo que mil gracias. Los niños están muy agradecidos y no quisieran que estas personas se alejaran de ellos, los llevan en su corazón y no los olvidan.

Yo quisiera que muchos se integraran a este tipo de experiencia y se dieran la oportunidad de conocer a estos niños que nos enseñan tanto.

                                   

                                                                  Jóvenes de un retiro vocacional escolapio

jugando con los niños del hogar de Tlalpan

 

 ¡La familia de los Hogares Calasanz ha crecido!

En el próximo número conoceremos la nueva experiencia en Baja California.

Para mayores informes con relación a HOGARES CALASANZ favor de contactar informacion@calasanz.org.mx

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