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Hoy compartimos con ustedes acerca de  dos grandes frutos:

La despedida de Enoc, a pocos días de emprender su viaje a España para hacer su doctorado.

La boda de Marco. Un acontecimiento que nos llena de alegría a todos los que tenemos algo que ver con los Hogares Calasanz.

         Muchas felicidades a tantas personas buenas que hacen posible la realización de una vida.. Son sólo dos ejemplos, pero hay muchos más.

         Y ¡ánimos! a todos los que quieren hacer de su vida algo grande. Ya ven que ellos han podido ¿por qué ustedes no?

Por último, el P. Josep Margalef  nos comenta un libro acerca de una experiencia con niños de la calle en España, en los años 70. Impresionantes las semejanzas con lo nuestro.

         Los Hogares Calasanz seguirán celebrando bodas, graduaciones y muchos otros motivos de alegría por siempre.

   

 Hogares de fiesta

 No hay mayor alegría que ver la realización  de un hijo, del amigo, del humano. Este 14 de octubre todos los que participamos del sueño de Hogares Calasanz lo hemos podido vivir, fue el inicio de una nueva etapa en la vida de Marco, hermano de muchos, de generaciones de chavos en el hogar, que ahora, con el amor de todos ha emprendido un vuelo que lo hace feliz, el matrimonio.

 El sábado 14, a las 3 de la tarde, la casa hogar de México era una mezcla de alegría, emoción, ternura y dicha. Los tíos y las tías de Hogares estaban listos para la ceremonia, entre ellos la tía Mode, el tío Reyes, el tío Chalío, la tía Vicky, la tía Marilú, el tío Lupe, el tío Julio y los tíos del Prenoviciado, los niños no dejaban de mostrar  su alegría y emoción, porque el día lo ameritaba pues el hermano mayor de la casa lo merecía.

 Por fin llegó el autobús y todos, tíos y niños partieron hacia la Capilla de San Charbel, donde se vivió una hermosa Eucaristía  concelebrada por el padre Reyes y el padre Rosalío. Llegó el momento de la llegada de los novios, la felicidad se veía en sus rostros al salir del tsuru rojo, y para entrar al templo y entregar al novio, la tía Mode, no podía faltar su bendición y el deseo de lo que siempre se ha preocupado, la felicidad de nuestros chavos. La ceremonia fue conmovedora, el mariachi se encargó de los cantos, las lecturas estuvieron a cargo de los tíos Moroni, Ramón y Leonardo, mientras que la homilía fue una muestra de amor, de orgullo, de bendición eterna a Marco de parte del padre Reyes, la exhortación a amarse, a ser felices, eso y nada más, ser felices, pues lo merecen; el padre Chalío le dijo unas palabras a Marco, que expresaban su amor, orgullo y alegría, pues fue aquel quien lo conoció desde su infancia.

 Ya en el salón la fiesta fue la explosión de la alegría, la música, la comida, el baile, nada podía faltar. Los niños bailaban, reían, jugaban, pero sobre todo veían la felicidad de Marco y su esposa, la vida del hermano que ha luchado por alcanzarla, amigo que les muestra los resultados de una lucha como todas las luchas, como todas las vidas. Los lobos de Zacatecas amenizaron el ambiente  y no podía faltar la presencia de los tíos y tías de hogares, en el baile, como la Víbora de la mar, en el momento de aventar el ramo y la corbata y en la partida del pastel. Fue un festejo a la vida, un festejo al valor, al esfuerzo.

 ¿Cuándo volveremos a ver una boda  de un hermano de hogares? No lo sabemos, lo que podemos afirmar y festejar diariamente es que la lucha siempre será difícil, pero la recompensa es grande, tanto que opaca los recuerdos, formando otros más bellos. Lo que podemos festejar es que hemos visto la felicidad en los rostros, y eso ya nadie nos lo quita.

¡¡¡¡¡¡¡Felicidades Marco… felicidades!!!!!!

 

Comentario largo y remembranza de mi vida en hogares

Soy Enoc Rosas, y como muchos de ustedes saben, en el mes de octubre salgo a Granada, España a estudiar un doctorado en Derecho Constitucional.

Antes de eso quisiera escribir la importancia que a lo largo de mi vida, durante mi paso por hogares y fuera de los mismos, han tenido los tíos y colaboradores. En primer lugar es necesario platicarles que yo al igual que un porcentaje mayoritario de los chavos de hogares, cuando tenia 14 años quería ser judicial, lo anterior debido a la importancia que para nosotros juega el portar un arma, y el tener una autoridad que nunca hemos tenido, y que generalmente con la fuerza hemos ido buscando en nuestro paso por hogares.

Si claudiqué en mi intento de ser judicial, fue precisamente debido a un tío (el tío Víctor) que vivió en hogares de Puebla con nosotros los grandes y quien algunas veces se fumaba un cigarro en el patio conmigo, a la vez que me platicaba enseñándome parte de la historia del comunismo, capitalismo, y todo lo que le preguntaba, me decía que sería una lástima desperdiciar mi cabeza metiéndome de judicial.

Él me enseñó a valorar mis alcances en un plano más amplio del que había imaginado, y me ayudó a desvalorizar el poder de traer un arma y una placa. Actualmente el tío víctor da clases de inglés en el Instituto Alba Edison, y es una de las tantas personas a las que trataré de ver antes de irme para agradecerle lo mucho que hizo por mí.

Por otro lado está mi entrada a la Ibero, cuando para poder darme una beca había que aprobar el primer semestre y pagarlo completo. Supe por terceros de una pareja que pertenecía al patronato y que fue un gran apoyo para realizar los pagos de ese primer semestre. Ellos jamás me lo dijeron, y me veían en algunas ocasiones y me saludaban, yo creo pensando que habían hecho algo bueno. Si hoy día los viera probablemente les daría un abrazo, tal vez sólo la mano, y les diría que seguro hicieron algo bueno, que sin arreglar el mundo me dieron una oportunidad para hacer algo bueno de mi vida, y a lo mejor seguiría sin saber sus nombres.

En la última fase fuera de hogares, puedo referirme de manera especifica a dos parejas de tíos que sin duda han sido mi familia, y que han servido de apoyo para poder seguir adelante, sin los que seguramente no estaría escribiendo que en este mes salgo a España. Los primeros son el tío Nacho y la tía Lety.  Ellos tienen años yendo a hogares, iban a dejar cenas los jueves al hogar, y dentro de los recuerdos que me llegan de ellos están desde que Nacho su hijo más grande, era un niño de 4 o 5 años y siempre que iba al hogar traía un balón. Daniel el mediano era un bebé y pelón y chillaba cuando le decíamos al tío que nos dejara cargarlo. Lety vino después, la conocí cuando estaba en la panza de la tía Lety. Hoy todos ellos son grandotes, y cada vez se parecen más a sus papás. Nacho está por entrar a la Universidad.

Pues bien, ellos me han apoyado escuchándome siempre, invitándome a comer a su casa, contándome sus problemas lo que me hace sentir parte de su familia, recibiendo a mis amigos y novia en su casa presentándome con su familia como un miembro más, y desde luego asistiendo a mis dos graduaciones, la licenciatura en Puebla y la maestría en Veracruz, y disfrutándola como miembros orgullosos de mi familia. Me quieren y se preocupan por mí.

Hace poco comiendo con ellos, me dijo la mamá de la tía Lety que ella le platicaba días antes que no sabía lo que era que un hijo se graduara de la Universidad, pero que lo sintió cuando fue a la graduación mía, lo cual me hizo inflarme de orgullo y de contento por sentirme querido de ese modo, siendo además que es cierto, es decir, estoy seguro de que la tía Lety y el tío Nacho me quieren de ese modo, y que sus hijos también me aprecian bastante pues se ve como reaccionan cuando voy o cuando les hablo por teléfono. Además de lo que me quieren y de lo que ya han hecho por mí al quererme de esa manera, hay que añadir que si alguien se ha animado con mi partida y me ha estado ayudando a ver lo de mi boleto y trámites de mi partida son ellos, están viviendo conmigo las dificultades y experiencias de lo que será esta nueva fase de mi vida, aún y cuando ya salí de hogares.

Por otro lado están el tío Leo y la tía Lupita, de quienes para poder describir todo lo que me han ayudado en mi vida, y todo lo que han aguantado de los fantasmas que como chavo de la calle he traído siempre conmigo, necesitaría escribir un libro. Son los protagonistas de mi vida, ellos Mariana y Josefran, y sólo puedo decir que son mis papás, que ya los adopté como tales y que los siento así y que no sería lo que soy sin ellos, una pareja con amor que se aventó a dármelo, y a irme conociendo en el camino. Por cierto, probablemente pronto les salga con la sorpresa de que vayan a pedir como mis papás a mi novia. Queda entonces claro que todo el tiempo mi vida ha estado marcada por colaboradores y tíos de hogares, hoy día hogares mismo y sus colaboradores me están echando la mano cubriendo algunas cosas que necesito para irme a España, es difícil terminar de agradecerles por su apoyo.

Necesito más páginas para poder referir a todos y cada uno de los tíos y colaboradores de hogares que han hecho algo por mí, seguro muchos de ellos leerán esto, y a los que no ojalá se los platiquen y les den las gracias de mi parte. Por eso es necesario decirles, gritarles que hacen falta en hogares, hace falta más gente como ustedes dispuesta a ayudar sin esperar retribución alguna, y aunque tal vez no reciban las gracias en su momento por parte de todos los chavos a los que ayudan, créanme que siempre que quienes recibimos su ayuda nos reunimos por algún motivo, comentamos lo importante que fue el tenerlos cerca, o en su caso lo tontos que fuimos por no aprovechar la ayuda que nos dieron.

Saludos a todos, gracias a quienes han colaborado siempre en hogares, y a quienes han pasado aunque sea por un momento a colaborar ahí, seguro alguno de ustedes hizo algo por mí y muchos de ustedes están haciendo más por otros chavos.

El mundo seguro sería mejor si hubiera más personas como ustedes, más gente interesada en ayudar a los demás.

Enoc Rosas

 

  

 

 

 

 

  

Pedagogía del coraje

 En mi reciente viaje a Barcelona entré en una librería y al poco rato la portada de un libro me llamó la atención. Su título: De tanta rabia tanto cariño de Enrique Martínez Reguera. Lo ojeé, y ya no pude dejar de comprarlo. Trataba sobre unos niños de la calle que habían sido atendidos en un hogar.

 La experiencia se inicia en los años setenta del siglo pasado; en los años en que yo estudiaba pedagogía terapéutica en la universidad y realizaba “prácticas” en un centro del Consejo Tutelar de Menores y en un centro para niños con síndrome de Down. Yo conocía por referencias una nueva pedagogía para la educación de menores marginados. Se empezaba en Barcelona y otras ciudades españolas a atender a algunos niños del Consejo Tutelar en pisos o casas habitación en grupos pequeños al cuidado de un educador o matrimonio, que es el caso del autor del libro. Incluso por aquellos años en mi comunidad había un padre que trabaja en una de estas experiencias. Un poco después otro escolapio logró que en su comunidad se recibieran a unos cuantos niños del Consejo, y así lo sigue haciendo hasta la fecha, tanto el padre como la comunidad religiosa. En aquel entonces el Chincha y yo asistíamos juntos a las clases de la universidad y ninguno de los dos imaginábamos que en poco tiempo estaríamos en México tendiendo la mano a los niños de la calle. Así suele ser la vida.

 Lo primero que salta a la vista al leer el libro es el coraje en su doble acepción. Por un lado el coraje o la rabia que uno siente ante ciertas situaciones de tipo social y legal que tienen que sufrir los menores marginados y los adultos que de buena voluntad se esfuerzan por ayudar. Rabia e impotencia ante el dolor que la sociedad origina. Por otro lado el coraje o valor para afrontar estas situaciones, denunciarlas y dedicarse en cuerpo y alma a modificarlas, a sanarlas si es posible. Es lo que he venido en llamar Pedagogía del coraje.

 El libro empieza hablándonos de Félix que “con sus doce añitos recién cumplidos reflejaba en su rostro demacrado todas las guerras sin cuartel que le habían tocado en suerte, la del hambre, la violencia, la corrupción”, y termina con Lolo y Cristian, ya en 2004, en que “desde hace mucho tiempo la infancia indigente va cargada como un fardo a la espalda de los abuelos, concretamente de sus abuelitas ¿cuánto tiempo hace que para estos niños ya no hay padres?; y apenas quedan maestros, ya me entiendes, profesionales sobran. Por eso lo que hay que hacer hay que hacerlo, si no los críos se quedan en la calle”, por eso el autor decide recibir a Lolo y Cristian en su casa justo cuando por su edad ya había decidido jubilarse.

 A mi me maravilla el constatar cómo en lugares tan dispares como pueden ser Madrid y México, D.F. tanto Enrique Martínez como Alejandro García-Durán, sin conocerse a pesar de la contemporaneidad de las experiencias, llegan casi a las mismas conclusiones, implementan muy idénticas soluciones, hacen los mismos corajes ante las instancias de gobierno y se entregan con total amor a acompañar a los niños de la calle.

 Yo creo que estos párrafos se podrían atribuir a algunas de esas conferencias del Chinchachoma que escuchamos tantas veces: “a ciertos chavales (chavos) más sensibles, la sociedad que tenemos y somos, les ha hecho un daño muy especial, primero sobre sus relaciones, luego psicológico, y finalmente incluso biológico. Entonces atraviesan algunos años muy desorientados provocando infinitas molestias. Y sólo entonces es cuando se nos antoja que se recompongan en un santiamén. Pero eso no es posible. Y por más que nos esforcemos ellos te convencerán de que no conseguirás nada. Sólo cuando la vida se les vaya echando encima, si siguen contando contigo como tenaz referente, entonces cuajarán los esfuerzos y brotará la más resuelta fidelidad. Con quienes tuvimos relación fácil, desvincularse resulta fácil, pero con quienes afrontamos codo a codo muchas tormentas y seguimos ahí, lo que va brotando es muy firme y profundo”.

 Los que estamos en Hogares también hemos llegado a entender “que tampoco es lo mismo el que les demos a los chiquillos lo que estamos dispuestos a darles o que les demos lo que están necesitando de nosotros”. También conocemos de donadores muy valiosos y que acaban siendo un dolor de cabeza; “me encanta, sí, aunque temo que escandalizaré a más de uno, pero me encanta, porque los que dan el subsidio siempre lo dan para otra cosa y a cambio de algo penoso. Pero ni mis chavales ni sus familiares necesitan ni desean subsidio de nadie. Necesitan y desean justicia, respeto y oportunidades, que les permitan ser quienes son y demostrar hasta dónde son capaces. Y necesitan amigos, muchos amigos que compartan con ellos desdichas y mariscadas”.

 Y la pedagogía la fundamenta en la confianza, como el Choma: “La confianza es también eficaz e iniciático recurso de contención. No hay preliminar que induzca más a un niño a comportarse conforme a los modelos que se le proponen, que el que confiemos en que lo va a hacer bien. Confiar en alguien, apuesta por su propia contención, opera como un desafío consigo mismo. Se trata de confiar en su comportamiento con sentido germinal: no porque es bueno sino para que llegue a serlo. Con los niños hay que arriesgar mucha confianza. Y si nos fallan, que es normal porque ellos aprenden por tanteo, debemos afrontar ese tanteo con tenacidad. Nuestra firmeza en confiar les hará sentirse capaces y dignos de confianza”.

 Mejor dejo de transcribir párrafos del libro o acabaré por no dejarles nada nuevo que leer cuando les llegue a sus manos.

La lectura de este libro me ha servido para reflexionar sobre lo que hacemos en Hogares; para despabilarme y salir de la “rutina educativa” en que uno cae con el paso del tiempo, para repasar la “filosofía original” de la obra, para constatar, una vez más, que varias personas pueden llegar a las mismas conclusiones y prácticas sin que siquiera se conozcan, para saber que los “abuelos” siguen jugando un papel importante en Hogares.

  


 

                                                                                  Josep Margalef Isern, Sch. P.

                                  

 

             Niños de los Hogares de Tlalpan

de visita en el Juniorato                      

Para mayores informes con relación a HOGARES CALASANZ favor de contactar informacion@calasanz.org.mx

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