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Las fiestas navideñas son una gran oportunidad para el crecimiento de los niños y jóvenes de nuestros hogares. Es tiempo de fiesta, de alegría, pero también de cooperación que forma la responsabilidad y es tiempo de sentirse parte de una familia, con todos los privilegios y con todas los deberes que esto implica.

Agradecemos la valiosa ayuda de una lista interminable de buenas personas que han colaborado con la cena de Navidad, con regalos, con ayuda para el paseo y con su agadable presencia entre nosotros en estas fechas en que a todos nos gusta compartir.

 Hogares Calasanz

 

Bajo la almohada 

No es mucho, ni poco, valioso sí lo  es, ¿cuánto? Sólo él y su dolor lo saben. Es la almohada del niño que perdió casa, alimento, juego, respeto, y ni hablemos de identidad, esto es un lujo para un chavo de la calle. Mas parece ser que no fue pérdida sino trueque, trueque tramposo de la vida. A cambio de la casa la estación del metro, del alimento la droga, del juego el  intrépido esquivar de los automóviles, del respeto la invisibilidad; pero hay algo que no pierde, el recuerdo, maldito monstruo latente que asecha mientras el Sol se esconde, monstruo que lo obliga al insomnio, que lo encadena al pensar y pensar y pensar, cosa que el niño no quiere hacer, pues sabe que una vez en la ruleta ya no podrá bajar de ella, hasta sucumbir a la realidad. Bajo la almohada el niño guarda baratijas, entre juguetes y dulces, cigarros y droga, retratos y cartas 

“¿Cómo no puedo esconderme bajo la almohada yo también?” Le susurran al oído intenciones, memorias, palabras, consejos, sueños que suelen ser peores que la realidad ¿a dónde poder llorar? ¿a dónde poder drogarse a gusto? Y nublar imágenes y figuras que me persiguen y se burlan de mí a cada rato, ¿a dónde? 

¿La almohada comprende al niño? ¿En sus enojos, en su tristeza, en su señuelo de ilusión? Por lo menos no se queja, del sudor de la rabia, de las lágrimas consumadas, del olor del cigarrillo.

 “Quisiera dormir bajo la almohada”.

Víctor Hugo Ramírez García

 

Posada Hogares 2006

    Sin saber ellos –más que a grandes rasgos- lo que es una posada, pusieron todo de su parte para organizarla. Y es que iban a ir sus tíos, todos, no podía ser para menos. Desde la tarde comenzaron a barrer  y a limpiar la casa.

     El sentido de pertenencia los embargaba en un gozo poco usual. Jamás había visto a Hugo tan contento, sonriendo con sus amigas, al que por cierto se debe  la colocación de los reflectores para el patio; Brandon  jugando con los vecinos, y ni se diga Luis y Javier corriendo de un lado a otro de la casa y lanzando palotazos a las piñatas. Todos los chavales reían, todos los chamacos querían abalanzarse sobre las piñatas, pues fueron como ocho, de todos los colores posibles, de todas las formas posibles. La tradicional  piñata se hizo presente como en todas las posadas, como la tristeza que se desmorona en dulces esperanzas para el nuevo año, como la señora picuda que se desbarata por el alboroto infantil y que flota sobre manos tan pequeñas que la destrozarán en tanto toque el suelo. La piñata es una gran parte de la posada, sin piñata no hay posada.

 

   

 

 

 

 

Pero no olvidemos la parte más importante de la posada, la procesión con el misterio y el tradicional Eeen el nombre del cieeelo…La procesión partió de la casa 1. Salimos todos, los niños y los tíos, hasta adelante José llevado por Luis, María a cargo de Brandon, y un elefante colado que llevaba Javier. Los tres guiaban nuestra procesión hacia la casa 2. Los tíos Ramón y Julio con sus dotes de cantores bastante afinados –no sin tropiezos con las estrofas- entonaban villancicos y cánticos decembrinos que hicieron el ambiente plenamente navideño, además de las velitas, todos llevaban la suya, bueno, casi todos, pues al tío Víctor se le olvidó darle a algunas personas que llegaron después. La tía Mode no podía faltar, y aunque los cantores no le concedieron cantar la de la  Marimorena ella cantaba y sonreía como siempre. El tío Reyes coordinaba el coro para pedir posada, y después de la última estrofa la voz de Entren santos peregrinos… anunciaba el comienzo de la fiesta, se abrieron las puertas del Hogar 1 y todos entraron, acomodándose en el patio como pudieron todos los invitados, iba a comenzar la partida de piñatas.

     El tío Paco estuvo encargado de organizar la masacre, y una tras otra, las piñatas fueron confirmando su triste suerte. La última recuerdo que fue la más grande, amarilla con cinco picos alrededor. El tío Lupe la balanceaba de un lado a otro, de arriba hacia abajo, y todos intentaban con su mejor esfuerzo partirla en gajos y conseguir el mayor número de dulces  posible. Fueron alrededor de quince palotazos, y súbitamente, comenzaron a caer los dulces y la fruta, los niños se lanzaron al suelo mientras los más grandes y los más pequeños esperaban obtener aunque sea sólo algunos.  

Todos los tíos y las tías asistieron, era un verdadero festejo, por el año que terminaba, por los logros realizados, por las sonrisas esbozadas en las caras, por la alegría desbordante de los corazones infantiles, y también ¿por qué no? Por los errores, las faltas pasadas, por las travesuras y el llanto, las mentadas y los chistes, por todo, porque vivimos, sólo por eso. 

Valió entonces el esfuerzo que las tías Mode y Marilú pusieron desde temprano en alistar la casa y las cosas necesarias, la limpieza que los chavos se esmeraron por mostrar de Hogares. Valió la ayuda de los tíos del prenoviciado, todo valió la pena, valió el sudor con el que se logró realizar las metas de varios chavos, valieron las lágrimas necesarias de las despedidas, valieron los regaños, hasta los golpes. No se le puede negar el valor a cada instante, a cada minuto del año que termina, y que para Hogares fue uno más de entrega, de orgullo y esperanza, porque todo vale la pena en Hogares. 

Al final de la noche nadie se quedo sin dulces, ningún tío ni ningún chaval, porque hasta los que no pudieron abalanzarse sobre el suelo del patio recibían el detalle de algún otro que sí lo hizo, que más que compartir caramelos deseaba compartir sonrisas. Lalito lo comprobó, al final de la posada ya tenía toda una bolsa de dulces que mostraban el cariño de un niño, el desapego catafixiado por el abrazo del hermano. Y hasta los adultos recibieron su merecido aguinaldo, dulce recuerdo de la infancia, que tal vez no regocije como antaño, sin embargo acaricia la memoria transportándola al juego, y rompe la piñata de los problemas de la adultez.

Un pequeño detalle de parte de los chavos fue la entrega de tarjetas de navidad, que expresaban sus deseos, con un diseño del tío Reyes y autografiados por ellos mismos; gracias a la asistencia de los tíos, de los invitados, de los padres, Brito, Reyes, Margalef y Paco, de las madres escolapias, de las tías Mode, Vicky, Marilú, entre otras tantas que no terminaría de mencionar aquí, a los tíos del juniorato, Juan Carlos, Martín , Julio César y Julio Alberto, el tío Lupe, a los tíos del prenoviciado, gracias, y que los próximos trescientos sesenta y cinco días estén llenos de esperanza, y que la alegría venga con cada reto y problemas que enfrentemos en Hogares, porque la gran familia escolapia es eso, la búsqueda de la felicidad.  

Al final de la posada, cuando ya todos se habían marchado, Luisito se quedo dormido en la banca, Omar 1 y Héctor ya se habían ido a dormir, Omarly y Adrián barriendo el patio, Brandon, Omar 2 y Javier contando sus dulces, se había ido el ruido, pero quedaba algo más valioso, y las puertas de Hogares se cerraban hasta la próxima  reunión de la familia de Hogares Calasanz. 

Víctor Hugo Ramírez García

 

 

 

 

 

 

Carta Nº 253

01 de enero de 2007.

 
Queridos todos:
 

Hoy empezamos un nuevo año y todos nos hemos abrazado y deseado lo mejor para cada uno, pero pasados los momentos de euforia... nos hemos encontrado con los mismos problemas y las mismas preocupaciones que al final del año pasado. 

 
Mis hijos, no es suficiente “desear” lo mejor. Hace falta “trabajar” para alcanzar lo mejor. ¡Y las dificultades y los problemas que hoy parecen estar amolándonos pueden llegar a ser los mejores recursos a nuestra disposición para triunfar! Debemos aprender a convertir los problemas y dificultades en peldaños que nos lleven al éxito, a la consecución de nuestras metas en la vida.
 
Aprendamos de esta hormiguita. 

El ingenio de una hormiga 

Hace un tiempo me puse a observar detenidamente la vida de las hormigas, y confieso que quede asombrado al verlas trabajar con tanto orden y empeño.

Pero una hormiga en particular atrajo mi atención. Negra y de tamaño mediano, la hormiga llevaba como carga una pajita que era seis veces más larga que ella misma.

Después de avanzar casi un metro con semejante carga, llegó a una especie de grieta, estrecha pero profunda, formada entre dos grandes piedras.

Probó cruzar de una manera y de otra, pero todo su esfuerzo fue en vano. Hasta que por fin la hormiguita hizo lo insólito.

Con toda habilidad apoyó los extremos de la pajita en un borde y otro de la grieta, y así se construyó su propio puente, sobre el cual pudo atravesar el abismo.

Al llegar al otro lado, tomó nuevamente su carga y continuó su esforzado viaje sin inconvenientes.

La hormiga supo convertir su carga en un puente, y así pudo continuar su viaje. De no haber tenido esa carga, que bien pesada era para ella, no habría podido avanzar en su camino...

¿Captamos la moraleja? 

¡Cuántas veces nos quejamos por los problemas, las cargas y las pruebas que debemos soportar! Pero sin darnos cuenta, esas mismas cargas -bien tomadas- pueden convertirse en puentes y peldaños que nos ayudan a triunfar. 

Cuentan que una deficiencia cardiaca hizo de un médico un famoso cardiólogo; el impedimento físico convirtíó al joven en un gran escritor; la timidez del estudiante lo llevó a ser un destacado investigador...

¡Cuántos otros ejemplos podríamos mencionar! Todos para mostrar la misma verdad: que con frecuencia debemos padecer males para disfrutar luego de los bienes mayores; que debemos llevar con valor nuestras cargas para luego convertirlas en puentes de éxito y prosperidad.

¿Estás soportando en este momento algún problema o adversidad? Recuerda que nada conseguirás quejándote o angustiándote. Confía en Dios, Él no permitirá que la prueba te aniquile. Más bien te dará fuerzas para seguir con valor y lograr mayores alturas. 

Ya ven, pues, muchachos, que el mejor propósito de año nuevo que pueden hacer y esforzarse en cumplir, es saber aprovechar las dificultades presentes como puentes, peldaños y trampolines hacia la consecución de sus ideales en la vida.

 
Un abrazo a todos,

                                                                                              Josep Margalef Isern, Sch. P.   

 

Para mayores informes con relación a HOGARES CALASANZ favor de contactar informacion@calasanz.org.mx

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